Aunque la mayoría de las tendencias son temporales, precisamente porque responden a las inclinaciones y preferencias de las personas, vemos que hay algunas que llegaron para quedarse (al menos por ahora) y la sostenibilidad, los espacios multifuncionales y la reducción de las áreas habitacionales son muestra de ello. Y sí, estas premisas de diseño son muy congruentes con el genius loci de la época y de la urbe (licencia aparte) ¿Pero cómo se reflejan en el mercado inmobiliario?
En primera instancia vemos una continuidad de las hipotecas verdes. Recordemos que este tipo de hipotecas son productos financieros que promueven la sostenibilidad, ya que dan tasas preferenciales a los inmuebles que minimizan su impacto medioambiental a través de un diseño, construcción y mantenimiento que tiene una alta eficiencia energética. Pero hay que poner mucha atención, pues para varias instituciones financieras uno de los requisitos para poder contratar una hipoteca verde, es que el inmueble cuente con algún tipo de certificación de construcción sostenible (así que no basta con solo que tenga calentadores solares) [1]. Esto se contrapone un poco con la política de Estados Unidos que prioriza la expansión de los combustibles fósiles sobre las energías renovables, lo que hará más lenta la descarbonización en este país [2] y por ende en varios otros lugares, lo que impactarán entre muchas otras áreas, en el sector de la construcción, los costos de edificación y, evidentemente, en los valores de las viviendas. Esperemos que las afectaciones sean en positivo…
En cuanto a los espacios, desde hace 5 años aprendimos a trabajar en casa y para una parte creciente de la población esta dinámica económica ya es cotidiana, por lo que es necesario que al interior de la vivienda se tengan espacios multifuncionales (aunque sean reducidos), o que éstos sean parte de las amenidades de los edificios de vivienda.
Por último, vemos que en los últimos 10 años, el tamaño de la vivienda en suelo central de las ciudades ha disminuido cerca de 20 m2 en promedio, pasando de inmuebles de entre 90 y 110 m² a viviendas mucho más pequeñas [3]. Y esto se relaciona con la necesidad de los desarrolladores de mantener un ticket promedio competitivo, el encarecimiento del suelo central y la preferencia de las y los compradores por espacios con menores superficies pero bien ubicados.
En este sentido, el otro lado de la moneda es la preferencia creciente por la vivienda usada, misma que ya tiene características arquitectónicas que se tienen que adaptar a las “nuevas” necesidades, pero que cuenta con espacios más amplios, están bien ubicadas a nivel urbano y tienden a ser más baratas que las viviendas nuevas.
Estas variaciones en las preferencias evidentemente impactan en el mercado inmobiliario, por lo que tenemos que mantener los ojos bien abiertos para identificar estas tendencias y cómo nos influyen a la hora de estimar un valor.
Referencias:
[1] https://www.santander.com.mx/educacion-financiera/blog/que-es-una-hipoteca-verde/index.html
[3] https://www.tinsamexico.mx/tendencias-del-mercado-inmobiliario-para-el-2025